lunes, 2 de marzo de 2009

“Con la verdad ni ofendo ni temo” - Dax Toscano Segovia


En noviembre de 2007, en la Cumbre Iberoamericana celebrada en Chile, el rey de barajas, Juan Carlos I de Borbón, ante las contundentes acusaciones que el presidente venezolano Hugo Chávez Frías expuso frente Rodríguez Zapatero y la Comunidad Internacional sobre la práctica injerencista y fascistoide del ex presidente del Gobierno español, José María Aznar contra la República Bolivariana de Venezuela, pretendió mandarlo a callar.

Chávez hizo uso de una frase del patriota uruguayo-argentino, José Gervasio de Artigas que decía: Con la verdad ni ofendo ni temo pa

“ El presidente Chávez no mintió. Aznar es un fascista, aliado de la contrarrevolución cubana y venezolana que, camuflado como expositor de temas económicos, políticos y sociales, a través de la fundación para el análisis y los estudios sociales (FAES) y de su pantalla como profesor universitario, ha pretendido difundir por el mundo sus ideas reaccionarias y materializar sus proyectos criminales.

Es cosa común que los representantes políticos de la burguesía y las oligarquías a nivel mundial, fieles lacayos de sus amos imperiales estadounidenses y europeos, ante la falta de argumentos reales y concretos cuando se trata de enfrentarse a la verdad, acudan a mecanismos de coacción para hacer callar a otros por medio de la violencia, del temor y del chantaje.

Mentirosos contumaces, pretenden construir la historia a su gusto y capricho. La realidad es puesta por ellos, patas arriba; y, lo que no es real, aparece invertido, como si lo fuera. A ello Marx le dio el nombre de ideología, entendida en este sentido como falsa conciencia.

La presidenta de Chile concluyó una visita en la que mantuvo un diálogo con Fidel. Tras ese hecho, como es su costumbre, Fidel escribió una reflexión relacionada con el encuentro. En ella hace referencia a cómo la oligarquía chilena despojó a Bolivia de la costa marítima que le daba salida al Océano Pacífico. De igual manera denunció la privación de ricos recursos como el cobre para Bolivia, producto de ese despojo.

Eduardo Galeano señala en “Las Venas Abiertas de América Latina” que Bolivia perdió con la guerra la mina de cobre más importante del mundo actual, Chuquicamata, ubicada en la ahora provincia chilena de Antofagasta. Para el Estado Chile esto significó grandes ganancias que luego serían también usufructuadas por empresas británicas y estadounidenses. Fue el presidente socialista, Salvador Allende, quien nacionalizó el cobre y el que destinó sus recursos para beneficio del pueblo trabajador chileno y no de la oligarquía vende patria y del imperialismo. En 1973, los EEUU, la CIA, las empresas capitalistas gringas, la oligarquía chilena, los medios de la mentira y los militares fascistas organizaron un golpe de Estado contra el compañero Allende, para poner fin a sus políticas. Él, fiel a sus principios, defendió con su vida el proyecto de construcción de la Patria Nueva para las y los trabajadores chilenos que había emprendido desde su elección como presidente constitucional. Pinochet y sus generales desataron una brutal represión que implicó la aplicación de los métodos más crueles de represión y tortura enseñados por los oficiales nazis, franceses y norteamericanos a los ejércitos latinoamericanos. Miles de personas fueron encarceladas, torturadas y luego desparecidas, asesinadas como el gran cantautor comunista, Víctor Jara.

A la oligarquía, a los partidos políticos de la derecha chilena no les gusta que se les refresque la memoria y, mucho menos, que se hable sobre los crímenes cometidos por su héroe: el asesino Augusto Pinochet.

Amparados en el maniqueo argumento de que ningún extranjero puede meterse en los asuntos internos de un país, pretenden silenciar a quienes hablan con la verdad. Pero ésta, tarde o temprano, sale a la luz. Fidel en respuesta a los ataques de la oligarquía chilena dice en su reflexión titulada “El canto de cisne de los ricos”:

“No tengo otro compromiso que con la verdad histórica, y la historia consigna que el Libertador de América, Simón Bolívar, al proclamar él la independencia de Bolivia, asignó una amplia franja de la costa pacífica de Sur América entre los paralelos 22 y 23. También registra que el desierto de Atacama fue incluido en el territorio de la naciente Bolivia, al producirse la victoria contra el imperio español.”

De mente y de visión cortas, la oligarquía chilena jamás podrá comprender esa verdad histórica. Y tampoco lo podrá hacer alguien que, con su práctica política, ha demostrado ser una socialista disfrazada, como lo es la presidenta Michelle Bachelet.

Causa risa, pero también indignación, escuchar a la oligarquía decir que lo que está en juego es la soberanía de la Patria. Patriotera y chovinista es la miserable oligarquía chilena que, aliados de la dictadura pinochetista, han entregado desde 1973 los recursos del pueblo chileno a las transnacionales gringas gracias a la aplicación de las políticas neoliberales sumiendo además a la clase trabajadora de ese país en la pobreza. En la actualidad hay más de 1,1 millón de pobres más que los que había en 1970. Los oligarcas chilenos hablan de la Patria, cuando han hipotecado el país en beneficio de los intereses del imperialismo yanqui a través de la firma del Tratado de Libre Comercio.

La conducta servil de la presidenta Bachelet frente a la oligarquía chilena, que al arribar a su país declaró estar molesta frente a lo expuesto por Fidel en su reflexión, demuestra su hipocresía política y su verdadero rostro. Jamás podrá comprender que la solidaridad con los pueblos del mundo frente a los ataques de las oligarquías y del imperialismo están por encima de los mezquinos intereses chovinistas que nada tienen que ver con el internacionalismo revolucionario que, en la praxis, constantemente lo demostró el compañero Allende. Ella responde a su concepción ideológica, no se le puede pedir más. Bachelet, como es obvio, no es Gladys Marín, esa mujer digna y honesta que luchó hasta el final contra los fascistas y contra la oligarquía chilena.